Al contemplar el mausoleo, pienso que tal vez mi vida no haya sido tan caótica después de todo. Lo quees
caótico es este mundo nuestro, que nos trae cambiostotalmente inesperados. El mausoleo parece
advertirme que no me aferre a ninguna idea obsoletasobre quién soy, lo que represento, a quién
pertenezco, ni qué papel he podido querer representar alguna vez. El ayer pudo ser glorioso, ciertamente,
pero mañana puedo verme convertida en un almacén defuegos artificiales. Incluso en la Ciudad Eterna,
nos dice el silencioso mausoleo, uno ha de estar siempre dispuesto a sufrir alteraciones convulsas,
desenfrenadas e interminables.