(...) -Cuando
te despiertas por la mañana, ¿estás contento? ¿Estás contento durante
el día? Y cuando te vas a la cama a dormir, ¿te encuentras bien?
(...)
Cuando ves a un amigo venir hacia ti, ¿te alegras? ¿Te fastidia? Cuando
ves un paisaje, ¿se te mete dentro, te impresiona? ¿Y la música?
Intenta pensar en el extranjero. ¿Te gustaría ir? ¿Te excita la idea? ¿O
te preocupa?
¿Esperas
con alegría el día de mañana? ¿Lo que sucederá dentro de tres días? ¿Y
el futuro? ¿Te excita? ¿Te entristece? ¿Y ahora? ¿Te van bien las cosas
ahora? ¿Estás contento contigo mismo?
-Estas preguntas-sonrió mamá mirando a Yoshio a los ojos- son el checkpoint
secreto de la vida que me enseñó el abuelo. (...) Nos lo enseñó cuando
éramos niños. Nos dijo que se lo enseñáramos a nuestros hijos. Nos
advirtió que, si no lo preservábamos y lo transmitíamos, su significado
se perdería.
(..) -¿Cuando uno tiene problemas, debería hacerse estas preguntas y contestárselas el solo?-pregunté.
-Así
es- asintió mamá-. Pero no hay que mentirse nunca. Uno puede
responderse que está mal, que es un desastre, etcétera. Cada noche,
antes de dormir, hay que cerrar los ojos y plantearse estas preguntas
seriamente. El simple coraje de empezar a hacerlo empieza a construir un
centro. Parece una religión, pero quizá necesitemos tener una.
No hay comentarios:
Publicar un comentario