miércoles, 21 de agosto de 2013
"Lo fácil que es confundir la cultura con erudición. La cultura en
realidad no depende de la acumulación de conocimientos, incluso en
varias materias, sino del orden que estos conocimientos guardan en
nuestra memoria y de la presencia de estos conocimientos en nuestro
comportamiento. Los conocimientos de un hombre culto pueden no ser muy
numerosos, pero son armónicos, coherentes, y, sobre todo, están
relacionados entre sí. En el erudito, los conocimientos parecen
almacenarse en tabiques separados. En el culto se distribuyen de acuerdo
a un orden interior que permite su canje y su fructificación. Sus
lecturas, sus experiencias se encuentran en fermentación y engendran
continuamente nueva riqueza: es como el hombre que abre una cuenta con
interés. El erudito, como el avaro, guarda su patrimonio en un media, en
donde solo cabe el enmohecimiento y la repetición. En el primer caso el
conocimiento engendra conocimiento. En el segundo el conocimiento se
añade al conocimiento. Un hombre que conocer al dedillo todo el teatro
de Beaumarchais es un erudito, pero culto es aquel que habiendo
solamente leído Las bodas de Fígaro se da cuenta de la relación que
existe entre esta obra y la Revolución Francesa o entre su autor y los
intelectuales de nuestra época. Por eso mismo, el componente de una
tribu primitiva que posee el mundo en diez nociones básicas es más culto
que el especialista en arte sacro bizantino que no sabe freír un par de
huevos."
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