miércoles, 23 de julio de 2014

—Probablemente —contesta—. Schrödinger estaba haciendo un experimento sobre una idea. Bueno, entonces, este salió argumentando que, si un electrón puede estar en cualquiera de cuatro diferentes lugares, es como si estuviera en los cuatro lugares al mismo tiempo menos a menos que alguien determine en cuál de los cuatro lugares está. ¿Tiene sentido? 
—No —digo. Está usando unos pequeños calcetines blancos, y puedo ver su tobillo cada vez que patea su pie para seguir hamacándose. 
 —Cierto, no tienen ningún sentido. Es increíblemente retorcido. Entonces Schrödinger trató de hacerlo entendible. Dijo: pon un gato dentro de una caja sellada con un poco de radioactividad que puede, o puede que no, (dependiendo de la ubicación de donde se encuentren las partículas subatómicas) causar que un detector de radiación expulse un veneno dentro de la caja y mate al gato. ¿Entiendes? 
—Creo que sí —digo. —Entonces, según la teoría de electrones que están en todas las posiciones posibles hasta que sean rastreados, el gato está tanto vivo como muerto hasta que se abra la caja y se averigüe si está vivo o muerto. Él no estaba a favor el asesinato de gatos o nada de eso. Solo decía que se veía poco probable que el gato pudiera estar simultáneamente vivo y muerto. Pero no sonaba improbable para mí. Me parece que todas esas cosas que mantenemos en cajas selladas están vivas y muertas a la vez hasta que abrimos la caja, que lo inobservado es y no es. Quizá es por eso que no puedo dejar de pensar en el otro Will Grayson y sus enormes ojos en Frenchy's: porque él había dado por muerto al gato vivo-y-muerto. Entonces me di cuenta de que ese es por qué nunca me puse en una situación donde de verdad necesitara a Tiny, y de por qué seguí las reglas en vez de besar a Jane cuando estaba disponible: elegí la caja sellada. —Bien — digo. No la estoy mirando—, creo que lo entendí. —Bueno, eso no es todo, en realidad. Resulta que es un poco más complicado. —No creo ser lo suficientemente inteligente para algo más complicado —digo.
 —No te subestimes —dice. La hamaca del porche cruje mientras trato de entender todo.
—Finalmente, se dieron cuenta de que manteniendo la caja cerrada no mantenía al gato vivo y muerto en realidad. Aun cuando no observas el gato en el estado en que sea que esté, el aire en la caja sí. Entonces manteniendo la caja cerrada te mantiene a ti en la oscuridad, no al universo.
 —Entiendo —digo—. Pero fallar abriendo la caja no mata al gato. —Ya no estamos hablando de física nada más.
 —No —dice—. El gato ya estaba desde antes muerto... o vivo, dependiendo del caso.

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